Estoy obsesionado con el tiempo, lo admito. Estoy obsesionado con pensar que la cuenta atrás no para ni un segundo, obsesionado por hacer cosas 

que me hagan feliz. Hace años un amigo con amplia experiencia 

empresarial me hizo ver que el camino que estaba desarrollando de trabajar 15 horas al día no era el correcto, por mucho que me apasionara mi trabajo. Me hizo ver que debía entender el concepto de productividad, 

debía entender que si tenía empresa tenía que saber delegar y me hizo ver que debía intentar maximizar el triángulo de 8 horas para trabajar, 8 horas para dormir e intentar aspirar a controlar un tercio de mi vida. 

Me pareció justo y hace ya 16 años que lucho porque cada lado de este triángulo sea lo más equilibrado posible.

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