Mis abuelos han vivido una guerra civil, mis padres una dictadura y yo estoy viviendo el COVID19. Más allá del devastador paso que va dejando por nuestras vidas ahora nos encontraremos quizás unas consecuencias más duras e intensas que estar 60 días encerrados en casa. Es el momento, ahora que parece que en pocos días podremos volver a una relativa normalidad, de ir mentalizándose a la realidad que se avecina. Hoy he salido de casa para ir al supermercado. Un día bonito y soleado donde la paranoia social es importante. Lógicamente la gente manteniendo distancias de seguridad, lavarse las manos al entrar, guantes obligatorios, si alguien ve que coincide en tu mismo pasillo se para o directamente se aparta. Son las consecuencias de una responsabilidad ejemplar en cuanto a materia sanitaria pero…¿Cómo va a afectar esto a la economía? Llevamos casi 60 días en casa y la ilusión de sacar a nuestros hijos a pasear es inmensa lo vemos como una gran recompensa, y lo es. Nos hace felices salir con los niños con mascarillas, quizás alguno con guantes, de no tener nada nos conformamos con algo. Algo no es lo que la economía va a necesitar. La economía no entiende de ser progresivo porque la máquina del gasto público o del gasto de empresario o autónomo no para. Es el momento de entender que hay que ser extraordinariamente fuertes a nivel mental para absorber lo que van a ver nuestros ojos y sentir nuestra contabilidad a partir del 9 de mayo. Hay que ir creando un clima de confianza para que podamos entrar en tiendas sin miedo, viajar con ilusión (dentro de España claro está) y empezar a actuar de manera que no vivamos sobre ponderados constantemente por el miedo.
Esta semana pasada en los mercados ya ha habido avisos de empresas que lo van a pasar muy mal. Lufthansa publicaba que triplica pérdidas y Alemania ya ultima su rescate. Las aerolíneas son un buen reflejo del miedo social y de los problemas que podemos ir encontrando si dicha maquinaria comentada anteriormente no se activa. Actualmente muchas están sufriendo el varapalo del petróleo ya que la depreciación de sus posiciones en futuros ha sido terrible para sus cuentas. La aerolínea alemana publicaba que en marzo el descenso de las ventas fue del 47% pero es que en abril se espera que prácticamente sea del 100%. ¿Se imaginan toda esa estructura sin poder facturar? No hay que irse muy lejos para imaginárselo. Muchos empresarios, en mayor o menor tamaño, lo están sufriendo.
A nivel bursátil me sigue sorprendiendo la fortaleza global. Parece que el mercado no quiere descontar la realidad hasta que se produzca algo que no es muy habitual en la renta variable mercado que se caracteriza siempre por anticipar acontecimientos económicos futuros. Como venimos comentando reiteradamente en esta sección el mercado americano está totalmente anestesiado y poco a poco vamos a ir viendo si dicha anestesia es capaz de soportar la batería de nefastos resultados económicos que se van a ir publicando. En España sigue destacando la extrema debilidad del sector bancario. Estos días el Sabadell ha ido marcando mínimo histórico tras mínimos histórico. El valor necesitaría casi un 250% de rentabilidad para llegar a los precios del mes de enero, increíble. Es uno de esos ejemplos de la penalización que supone para el inversor el hecho de enamorarse de un valor y no de operar con un método técnico. La dificultad de la remontada puede acabar con nuestra paciencia además de tener el capital inmovilizado durante meses y meses. Lo grave del asunto es que, en general, se está dispuesto a perder mucho pero se conforma el inversor con el hecho de no perder. Aquel inversor, si un día vuelve a ver el precio de las acciones al precio que estaba en enero probablemente va a vender aliviado. Ha estado meses, como poco, viendo la tremenda depreciación de su capital y en cambio cuando recupera lo invertido se conforma. No es un juego, es una lástima. Operar en bolsa sin conocimiento implica que el inversor no pueda disponer de un capital ahorrado que tanto le ha costado acumular y supone el no movimiento de dicho capital en la economía real.
Lagarde, presidenta del Banco central europeo ya va advirtiendo que el PIB de los países de la zona euro va a oscilar entre una caída el 5 al 15%. Estas previsiones hacen pensar en lo peor y aquí se abre un círculo vicioso demoledor. Si alguien piensa que van a venir mal dadas se va a abstener de consumir en bienes prescindibles, si esa persona deja de hacerlo o reduce drásticamente su decisión habrá empresas que van a necesitar facturar menos, si se factura menos se necesita menos personas reduciendo los ingresos por IVA (al tener menos consumo) e incrementando el gasto público (por incremento del desempleo). En pocos días podremos salir de casa y en pocos días vamos a ver la realidad que nos ha dejado el covid19 en el aspecto económica. Vaya mentalizándose de que lo que va a haber no es lo que dejó de ver en el mes de marzo.

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